viernes, 4 de enero de 2008

LA ARQUITECTURA, o cómo cazar moscas...

Por SANTIAGO GARCÍA CORTÉS. Arquitecto
Todas las imágenes, textos y dibujos de este artículo, están protegidas por La Ley de Propiedad Intelectual, habiéndose complementado los registros y requisitos legales. Copyright 2007 Santiago García Cortes. Todos los derechos reservados (para texto y fotografías).








collage realizado a partir de una imagen de Bill Engdahl y de otra de una Musca doméstica



Es curioso como, cuando uno va por la calle, ya sea en coche o andando, va observando, por lo menos yo, todo lo que le rodea con gran curiosidad. Edificios, gente, manchas del suelo, los papeles caídos…

A rebuscar en las papeleras no me atrevo, pero en los bolsos de mucha gente, ¡ya me gustaría!

El metro para observar a la gente es fantástico. Me admira la coherencia de cualquiera con su “estilo” su “moda”. El peinado, los zapatos, la ropa... Alguna vez aparece alguien disonante, no por destacar de entre el resto sino porque tiene algo que no encaja dentro de su contexto.

Al final todo eso son como pequeñas moscas que revolotean alrededor. Unas de grandes patas, de esas con las que acarician sus antenas y sus alas. Otras, de hipnóticos y hexagonales ojos. O pequeñitas, casi mosquitos que pasan muy, muy rápido, fugaces.

Supongo que al final todas van dejando la huella de sus diminutas extremidades en mi memoria, en lo que algún querido compañero llamaba el “imaginario”. Ese gran cajón desastre en el que se mezclan conceptos aprendidos o ideas aprehendidas.

No vale sólo decir que la “inspiración”, surge del estudio concienzudo de los grandes maestros o de ensayos sesudos. La arquitectura con minúsculas, como es la mía, surge de cualquier modo, casi de las experiencias cotidianas, de las conversaciones con la gente que al final le toca usar o padecer nuestras ideas, del ruido del patio del estudio…

Es curioso cómo se supone que construimos para la gente y luego ésta desaparece de nuestras fotografías. Cómo de vacíos están los grandes edificios gubernamentales, los bancos, las viviendas o los chalets. ¡Qué mausoleos! ¡Qué esculturas gigantes!

Para mí las mejores fotos de arquitectura son las que hace la gente en sus cumpleaños, con toda la espléndida mesa de madera de una pieza en wenge llena de tarta, medianoches o patatas fritas. O esas en las que los propios turistas llegan a tapar a Eifel o a Pisa en su deseo de aparecer junto a ellas. O aquellas otras en las que aparecen los pantalones puestos a secar de Don Luis, los geranios del 4º, el toldo de flores del 1º.

Cansado de arquitecturas solitarias, cansado de la solitaria profesión separada cada vez más de la gente que debería llenarla y de esa otra que en vez de construirla la va destruyendo. Alejados están esos también de su oficio, de entender lo que se pretende, de estar satisfecho del trabajo bien hecho, de fabricar artefactos que tengan una parte de su esencia, si me apuras de su alma.

Cuando alguien me pregunta qué es la arquitectura para mí, le digo: “pues eso, cazar moscas...”.


Santiago García Cortés.
Madrid enero 2008


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