domingo, 19 de octubre de 2008

(3) SALVADOR MORENO PERALTA, arquitecto/ architect: ¡Que escándalo, aquí se juega!

Por SALVADOR MORENO PERALTA. Arquitecto, urbanista y escritor
Nuestro amigo, y prestigioso arquitecto, Salvador Moreno Peralta, nos envía este artículo para publicar en primicia en arquitecturaenimagen.
De nuevo, he de darle las gracias por su apoyo a estas humildes páginas, de forma absolutamente desinteresada.





¡Qué escándalo, aquí se juega!


Si las noticias que se atropellan día a día sobre la convulsión del sistema financiero mundial no admitieran la menor broma, podríamos decir que a nuestro modelo de crecimiento económico, concentrado arriesgadamente en el sector inmobiliario, se le ha aparecido la Virgen con la internacionalización de la crisis, que ha permitido diluir en el mal de todos problemas que eran genuinamente nuestros. Ahora es justamente el momento de hacerlo, pero me temo que no será fácil reconocer y atajar nuestros errores cuando de una manera tan contumaz se ha insistido en ellos.


El estupor del currante... Serie de 250 ejemplares. Madrid 1975 (Edición 2005)




Es cosa sabida que los ciclos económicos expansivos y, sobre todo, para los países en vías de desarrollo- como el nuestro, con el Plan de Estabilización tras el período autárquico- no hay sector más agradecido que el inmobiliario: genera unas rápidas y elevadas plusvalías, activa el consumo y el empleo en diversos subsectores y difunde el optimismo psicológico de quien percibe estar aumentando su nivel de vida. No importa que sea una industria retroalimentada, con poco valor añadido y consumidora insaciable del activo "suelo": las fortalezas del crecimiento hacen olvidar siempre las amenazas de la recesión, y no hay partido político que resista la tentación de apuntarse a la brillantez del sistema, por más que cuatro crisis en los últimos treinta años fueran más que suficientes como para haber puesto un poco de racionalidad en su modelo de producción.


El estupor del currante... Serie de 250 ejemplares. Madrid 1975 (Edición 2005)



El sector inmobiliario es tan básico como básica es la necesidad a la que se supone que atiende, esto es, VIVIR y, además, dignamente. La industria inmobiliaria tendría que ser, pues, tan segura y estable como la producción de pan o de zapatos. Pero cuando de la vivienda desaparece su genuina funcionalidad para devenir un fondo de inversión con una rentabilidad supuestamente garantizada, su valor de uso- que es el que habría de conferirle su solidez como sector productivo- se convierte en un valor de cambio infectado de unos virus muy complejos y difíciles de erradicar: la vivienda como depositaria del ahorro familiar, la vivienda para especular, la vivienda como mecanismo de ingeniería financiera, la vivienda para absorber mano de obra, la vivienda como expresión de un estatus social recién alcanzado, la vivienda como blanqueo de dinero, la vivienda como garantía de nuestra vejez... al final resulta que, menos para vivir, la vivienda sirve para todo. Y es precisamente ahí, en el momento en el que la vivienda pierde su sana condición de valor de uso, cuando empieza a generarse la burbuja; cuando en su proceso de producción el factor oferta atropella al factor demanda.
Ahora, en estos recurrentes exámenes de conciencia que se suelen hacer en las crisis- para olvidarlos rápidamente una vez superadas éstas- caemos en la cuenta de la poca atención que hemos prestado a la pobre demanda: jóvenes hipotecados de por vida en habitáculos mínimos, las mismas viviendas adosadas y los mismos bloques adocenados con los mismos programas estándar a pesar de la enorme diversidad de las nuevas composiciones familiares, de formas de vida, de factores multiétnicos, de integración generacional, de las exigencias esencialmente arquitectónicas que habrían de derivarse de una aplicación efectiva, y no retórica, de la Ley de Dependencia, etc.

El estupor del currante... Serie de 250 ejemplares. Madrid 1975 (Edición 2005)



En el sector inmobiliario, la necesidad no ha condicionado el producto, sino que ha sido el producto el que se ha impuesto a la necesidad, de una manera irracional, prepotente, tosca y, a la postre, suicida, pues ese producto estuviera ahora convenientemente fragmentado de acuerdo con la necesidad y diversidad real de los usuarios, no acabaríamos con la crisis, por supuesto, pero al menos estaríamos dentro de la "ecuación virtuosa" de la economía, esto es, el sano equilibrio de la oferta y la demanda; los productos, sin duda, tendrían más salida, a corto o medio plazo, y no habría que estar haciendo juegos malabares con fondos del Estado para convertir viviendas de renta libre en subvencionadas, o recobrar onerosamente el suelo público- que algunos ayuntamientos se vieron obligados a privatizar para cubrir sus presupuestos- en un intento tardío de abarrotar el país de viviendas de Protección Oficial, pero ahora no ya para satisfacer una imperiosa necesidad de la población, vergonzosamente desatendida, sino para sacarle a la economía las castañas del fuego.

Durante mucho tiempo el gobierno se ha afanado en exorcizar la crisis por el expeditivo procedimiento de no nombrarla, desde ese criterio, sólo a medias justificado, de que el pesimismo llama al pesimismo. Bien, no contribuyamos a incrementarlo aunque estemos en pleno incendio, pero sí hagamos una advertencia: el incendio se apagará, tarde o temprano, y entonces se hará evidente lo que ocultaba su cortina de humo: la raíz esquizofrénica de la política urbanístico-inmobiliaria de nuestro país, una constante desde el primer Plan de Desarrollo hasta nuestros días.

Ya en los años 60 del pasado siglo, la Dirección General de Urbanismo del Ministerio de la Vivienda manifestaba su seria inquietud por la especulación inmobiliaria y el riesgo de que la ausencia de planificación acabara matando la gallina de los huevos de oro de nuestras costas turísticas, mientras las Comisiones Provinciales de Urbanismo, al fin y al cabo instrumentos locales del mismo partido único, hacían caso omiso de las directrices del gobierno central. Hoy como ayer, la misma Administración que tolera el desmán urbanístico como condición necesaria para la acumulación de capital y el crecimiento económico, es la que luego saca pecho en el Boletín Oficial enrocándose en un caparazón normativo y burocrático que ignora la realidad de los problemas que contribuyó a crear. Todo recuerda a la escena de “Casablanca”: el licencioso comisario Renault exclama indignado en el cabaret de Rick: “¡qué escándalo, aquí se juega!”, momento en el que un camarero le pasa un fajo de billetes con sus ganancias.


El estupor del currante... Serie de 250 ejemplares. Madrid 1975 (Edición 2005)



Salvo raras excepciones, nuestra legislación territorial y la secuela de sus espesos planes urbanísticos han dejado tirados a los alcaldes en la complejidad de sus conflictos, ignorando la variedad topológica de uno de los países más diversos de la UE, disparando los costes del planeamiento y su ejecución con trámites interminables que no tienen otro objetivo que alimentar la propia burocracia o satisfacer exigencias gremiales, so pretexto de defender los valores de la naturaleza y los derechos de los ciudadanos. Ésa es la hipocresía consustancial al sistema.

No hay empacho en alabar al sector inmobiliario cuando se trata de exhibir el crecimiento de nuestro PIB, como tampoco lo hay en satanizarlo, ya sea para justificar la lasitud administrativa ante el descontrol urbanístico, para rasgarse las vestiduras ante sus resultados o por la simple incapacidad para entender la compleja traducción territorial de los fenómenos sociales ligados a la globalización, enfocando con lentes viejas problemas que son nuevos. Está bien que quienes nos han querido matar con ladrillos estén ahora muriendo a ladrillazos. Lo malo es que quienes no han matado a nadie y han ejercido la actividad inmobiliaria poniendo limpiamente en el mercado ese producto de primera necesidad llamado vivienda, tengan que morir también a manos de los que, embozados en una “burka” administrativa, han descubierto de repente “que aquí se juega”. Y en eso, por cierto, no tienen nada que ver las hipotecas "sub-prime".




Salvador Moreno Peralta, arquitecto





- (1) "SALVADOR MORENO PERALTA. Arquitecto/Architect" La arquitectura del copiar y pegar.






Listado de arquitectos, autores de proyectos, que se publicarán en arquitecturaenimagen en el periodo:Abril 2008- Enero 2009. Rafael Moneo. Arquitecto/ Andres Perea Ortega/ Mariano Bayon Alvarez/ Fernando Higueras/ arquitecto/Luis Rojo/ Begoña Fernadez Shaw / Silvia Sanchez/ Diego García-Setien/ Lorenzo Fernandez-Ordoñez/ Miguel Fisac Serna/ Fernado Sanchez-Mora/ Sara Gonzalez Carcedo/ Blanca Aleixandre/ Leonardo Oro/ Victor Lopez Cotelo/ Carlos Puente/ Guillermo Vazquez Consuegra/ Antonio Cruz/ Antonio Ortiz/ Cesar Portela/ Manuel Gallego Jorreto/ Alvaro Siza Vieira/ Frank O. Gehry/ Architcct Arquitecto/ Santiago García Cortés/ Arata Isozaki Arquitecto./ Beatriz Matos. Alberto del Castillo/ Daniel Gómez-Valcarcel. Arquitectos/Silvia Babsky / Ramon Valls. Arquitecto/ Julian Franco Lopez /Jose Manuel Palao. Arquitecto. John Mark Fenwick/ Architect/ Red-Fenwick asociados/ Architects/ Julián Manzano-Monís /Ignacio lliso / L&M arquitectos. /Julian Manzano-Monis. Arquitecto/Bruce S. Fairbanks. Architect /GOP oficina de proyectos/ Manuel Abad/ Eduardo Montero/ arquitecto/ Jesús Paricio/ Toyo Ito/ Ignacio Laguillo/ Harald Schönegger/ Architect/ arquitectos/ Herzog & de Meuron/architects/Junquera. architects/ Armando Areizaga/ Salvador Moreno Peralta/ Architect/ arquitecto

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